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¿Qué me Impide Confiar en Dios? - Soy Culpable (2/11)

  • Andrés Huertas SamakBlue
  • 4 sept 2017
  • 2 Min. de lectura

2. Soy Culpable

La culpa es el veneno con el cual el enemigo infame y traicionero recubre la punta de sus flechas para poder llenar nuestra mente y nuestro corazón de un sentimiento que nos lleva a olvidar que fuimos perdonados por gracia y a través de la sangre de Cristo que fue derramada en la cruz.

Ese veneno es insuflado en nuestro torrente sanguíneo llegando hasta nuestra mente y corazón, contaminando nuestros pensamientos y sentimientos, colocando en nuestra consciencia la culpa por la desobediencia y el quebrantamiento de las normas de Dios, y sembrando el horrible y ominoso sentimiento de vergüenza y fracaso.

"Estoy pagando las consecuencias de mis actos", "por mi culpa estoy como estoy", "me equivoqué y me merezco lo que me pasa", "le fallé a Dios y ahora no tengo cara para presentarme ante Él", "no merezco las bendiciones de Dios", "tengo tanta suciedad que Dios no se fijaría en mi", etc.

La culpa es la llave que abre la puerta de nuestro corazón al enemigo y nos cierra las puertas a las bendiciones del Señor. La culpa es aprovechada por las hordas malignas para llenarnos de vergüenza y sumergirnos en un sentimiento profundo de fracaso. Por la culpa el enemigo nos convence de:

a) No haber sido perdonados b) Que somos sucios c) Que hemos decepcionado a Dios d) Que somos indignos del amor de Jesús e) Que no somos santos y sin mancha

La culpa es el peor de los engaños del enemigo. No podemos conformarnos sólo con saber que hemos sido perdonados, debemos creer y sentirnos perdonados, limpios por su sangre y hechos nuevas criaturas (2 Corintios 5:17).

Dios además de perdonarnos, nos ofrece una salida y una cura contra el veneno de la culpa, y es la confesión “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Para sanarnos de la culpa primero debemos escuchar el mensaje de Dios para nosotros (Su Palabra), lo que Jesús hizo por nosotros. Luego, confesamos nuestros pecados al Señor asumiendo la entera responsabilidad sobre los mismos y sus consecuencias. Y finalmente nos convencemos de que hemos sido perdonados y transformados, así en nuestra mente sabremos acerca del perdón y en nuestro corazón nos sentiremos perdonados.


 
 
 

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