Dos Mandamientos que Pueden Cambiar tu Vida
- Andrés Huertas SamakBlue
- 23 mar 2015
- 5 Min. de lectura

En este corto y sencillo pasaje bíblico encontramos dos mandamientos clave de nuestro Señor para nosotros, los cuales tienen el poder de cambiar nuestras vidas, no importando la circunstancia en la que nos encontremos. Empecemos por identificar los dos mandamientos a los que hacemos referencia.
1. Orar sin Cesar: veamos pues la primera oración en el pasaje que nos atañe, “oren sin cesar, (…)”. Claramente uno de los mandamientos del Señor para nosotros en el citado pasaje es que oremos sin restricción alguna, en todo lugar, en toda circunstancia y que no nos detengamos, pase lo que pase. Pero, ¿entendemos a qué hacía referencia el evangelista cuando nos transmite este mandamiento? ¿Exactamente qué es orar?
En esta primera oración observamos dos verbos rectores, orar y cesar. Del segundo, no necesitamos entrar en más detalle, pues su acepción hace referencia a detenerse, suspender, acabarse o simplemente dejar de hacer lo que se está haciendo . Sin embargo cuando no referimos al verbo orar, es menester ahondar en esta palabra, empezando por el significado que de ella nos proporciona el Diccionario de la Real Academia Española, “Hacer oración a Dios, vocal o mentalmente. Rogar, pedir, suplicar.”. Así mismo, el DRAE concibe la palabra oración, como “Súplica, deprecación , ruego que se hace a Dios (…). Elevación de la mente a Dios para alabarlo o pedirle mercedes ”.
Ahora bien, para hacer un examen más exhaustivo es propio tener en cuenta también el significado bíblico así, “Respuesta espiritual (hablada o no) del ser humano a Dios. La oración cubre toda la diversidad de formas de dirigirse a Dios y escuchar su voz, de interceder y esperar en el Señor, de contemplar y peticionar a nuestro Padre celestial.”
Empecemos pues por extraer las palabras y frases clave de estas definiciones, así:
• Hacer oración a Dios
• Rogar, suplicar, deprecación
• Pedir
• Ruego que se hace (a Dios)
• Elevación de la mente (a Dios)
• Alabanza (Doxología)
• Misericordia o perdón
• Respuesta espiritual
• Dirigirse a Dios
• Escuchar la voz de Dios
• Interceder
• Esperar en el Señor
• Contemplar
De lo anterior es claro que el objeto de nuestra oración es, y debe ser, siempre Dios (y su hijo Jesús). Que se trata del mecanismo más poderoso, oportuno y certero que se le ha concedido al ser humano para conectarse (comunicarse) con su creador Omnipotente; un ruego, suplica, alabanza y contemplación a nuestro Señor quien todo nos provee; una herramienta de intercesión a favor de otros (cónyuge, hijos, iglesia, ministerios, pastores, líderes, gobernantes, hermanos en la fe, no creyentes, etc.); un medio para dirigirse al Señor, de escuchar su voz, de esperar en Él. ¿Ves cuan poderosa es la oración?
Pero devolvámonos a una de las definiciones que hace el DRAE “Elevación de la mente a Dios para alabarlo o pedirle mercedes”. En lo personal esta es una de las acepciones que más me gusta, pues nos dice que para entablar un comunicación verdadera con Dios es menester elevar la mente a Dios, esto es, disponer de un entorno libre de distracción para nuestra oración que nos permita concentrarnos y abstraernos de modo tal que logremos una real conexión con nuestro amado Padre celestial, unir nuestra mente y corazón con el Creador, es establecer un lazo fuerte e inquebrantable, es comunicarnos con Él.
En el capítulo 5 del libro de Mateo, Jesús nos enseña acerca de cuál debe ser el entorno propicio para la oración, e igualmente nos enseña cómo y qué debe contener, “»Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Y al orar, no hablen sólo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan.” (Vs 6-8), y en Mateo 6:6 nos reafirma que la oración es un acto de intimidad con Dios, una conversación privada “Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará”. Pero esto no quiere decir que nos confinemos a nuestro cuarto para “orar sin cesar”, no, esto es una invitación a que dediquemos un momento exclusivo para el dialogo con nuestro Padre un momento especial en el cual le expresemos todo lo que siente nuestro corazón, además de los cortos diálogos que podamos tener con Él en el transcurso del día, en el carro, en el baño, en la calle, en el bus, en el colegio, en la universidad, de camino a la tienda, etc. Es simplemente mantener una comunicación franca, abierta y constante con nuestro Padre Creador y amoroso.
2. Dar Gracias a Dios en Todo: Por otra parte vemos que en el pasaje que estamos estudiando (1 Tesalonicenses 5:17-18) la voluntad del Padre es que además de orar sin cesar, debemos dar “(…) gracias a Dios en toda situación (…)”. Nótese que la Palabra dice “en toda situación”, esto es, es los momentos buenos y en los momentos adversos pues todo es parte del plan perfecto de Dios para nosotros, y este plan es de bienestar y no de calamidad.
Es claro que todo lo que ocurre en nuestras vidas es parte de este plan de Dios, y está bajo su voluntad “¿No se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre” (Mateo 10:29 NVI). Algunas situaciones son motivadas directamente por Dios y otras, Él las permite para nuestra edificación. Si aceptamos a Jesús como nuestro Señor y salvador, es menester que nazcamos de nuevo, esto es, que muramos a nuestra vieja naturaleza, nuestras antiguas costumbres y malos hábitos, y permitamos que el Señor renueve nuestra mente, haga de nosotros un odre una vasija nueva. Para esto, el señor nos acrisola como al oro, mineral precioso al que se somete a altas e insoportables temperaturas para sacarle la escoria y brille como debe brillar “Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que lo aman, es decir, de los que Él ha llamado de acuerdo con su plan” (Romanos 8:28 TLA).
Para terminar, es preciso entender que la oración debe ser un canto de alabaza mediante el cual recordemos y exaltemos todos los beneficios que el Señor, por gracia, nos ha dado “Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Salmos 103:2 NVI). Debe ser nuestra oportunidad de pedir perdón al Padre por las faltas y transgresiones, conscientes e inconscientes, clamar por su redención y entregarle el control total de nuestra vida.
Como toda forma de comunicación, la oración es y deber ser en doble vía, esto es, que el Señor también nos hablará en el momento que Él lo considere justo y conveniente. No hay una metodología estándar para orarle al Señor, de hecho, no deberíamos estandarizar nuestro proceso de oración, pues se debe tratar de una conversación libre y espontánea con nuestro Padre Celestial, o solo imagine que su hijo se dirige a usted en un lenguaje rígido, repetitivo, frívolo, carente de sentimiento, casi como deletreando un libreto o un guion. No hay nada más hermoso que una charla franca y abierta con el Ser quien nos dio la alegría de vivir, solo así, es posible esperar una respuesta de Dios. Tal respuesta se puede dar de muchas formas, principalmente a través de su Palabra, solo tenga paciencia, escudriñe su palabra y espere en Él, pues Dios es bueno y su tiempo es perfecto.